DEPORTE
FUTBOL
NACIMIENTO
3 DE JULIO DE 1930
PAÍS
MÉXICO
TRAYECTORIA
FUE EL PRIMER MEXICANO EN ANOTAR UN GOL EN UN MUNDIAL EN EUROPA
LAMADRID POSEÍA LA FACILIDAD DE PALABRA NECESARIA PARA PARTICIPAR EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN. SU BAGAJE CULTURAL Y SU CAPACIDAD DE ANÁLISIS, LE HARÍAN UN NARRADOR CARISMÁTICO, CONVIRTIÉNDOSE EN UNO DE LOS PRIMEROS EXFUTBOLISTAS QUE SE INTEGRARÍAN CON ÉXITO A LA TELEVISIÓN.
Era hijo de españoles, pero la tierra de sus padres se le escabulló un par de veces. Nacido en México el 3 de julio del año 1930, José Luis Lamadrid Prados creció acompañando a su padre que, con la nostalgia de un expatriado, buscaba a los suyos en el Casino Español. Ahí podía convivir con la comunidad que había emigrado hacia nuestro país. El padre, llegado a México con tan solo diez años, había intentado ya un par de veces regresar a su tierra. En unas vacaciones pasadas en España conoce a su esposa y juntos regresan a México. Luego, cuando ya con hijos, en 1936, tenían todo dispuesto para volver al terruño, estalla la Guerra Civil que habría de dividir al país ibérico. La madre patria se le escapaba por primera vez.
Con cinco años, ocurre el episodio que habría de poner un punto y aparte en su vida: En el Casino Español acostumbraban pasar el tiempo los jugadores de dos equipos de ascendencia española, que jugaban en la liga de futbol nacional, que hicieron fama por ser semillero de futbolistas profesionales y por los varios títulos obtenidos: el Asturias y el Club España. Entre esos jugadores se encontraba El Pirata Luis de la Fuente, el mejor futbolista mexicano de la época y uno de los mejores de todos los tiempos, quien a la sazón debía contar con poco más de veinte años. El niño que era José Luis Lamadrid le cayó en gracia al Pirata, así que este le hizo una invitación: “El próximo domingo sales con nosotros al campo, pero de mascota”....
“…Y LLEGÓ POR LA OTRA BANDA PARA CERRAR LA PINZA”
Esa invitación significó para Lamadrid el antes y después en el futbol. Le compraron el uniforme del club España —aquel de camiseta blanca y pantalón y medias en negro— y lo ataviaron para que, el día del partido el niño pudiera acompañar a los jugadores del club, tomado de la mano del Pirata Fuente. Ese sería su primer ingreso al campo de las batallas del balompié.
Con los años vino la oportunidad de jugar en las fuerzas inferiores del Club España, donde le apodaron El Cañoncito, por la pegada de balón que ostentaba. El debut en el equipo de primera tuvo que esperar y parecía muy lejano. El Club estaba lleno de estrellas, entre ellos varios extranjeros que parecían inamovibles de la alineación. José Luis Lamadrid atribuye su debut a un evento afortunado: El General José Manuel Núñez, quien poseía gran injerencia en el futbol mexicano, pidió a las autoridades gubernamentales, que se emitiera un decreto para hacer más proporcionada la composición de las plantillas de los equipos. Las diferencias entre jugadores extranjeros y nacionales debían disminuirse, según su opinión, pues resultaba ventajoso que ciertos equipos tuvieran alineaciones casi sin jugadores mexicanos.
Este hecho le permitió debutar en el club que fue su gran amor, pues le hubiera resultado muy complicado y tardado debutar en un equipo lleno de estrellas extranjeros que ocupaban una posición titular, sin embargo la calidad propia de Lamadrid y el desarrollo de su carrera como futbolista mostrarían que talento le sobraba para debutar, con o sin decreto nacionalista.
Su debut fue sin duda un evento memorable, pues logró anotar un gol contra el Veracruz, y ante un rival a quien idolatraba: el Pirata Fuente, que ya jugaba el último tramo de su trayectoria profesional.
Con su potente pegada de derecha como sello personal, jugó futbol profesional con el España en la temporada 49- 50, la última que el equipo pasó en primera división, luego vendrían el América, que durante su paso por ahí, tenía muchos problemas económicos y lo vendió al Necaxa, donde sus actuaciones le llevaron a la Selección Nacional, debutando contra Haití en las clasificatorias hacia la Copa Mundial de Suiza ’54. Anota dos goles demostrando su capacidad de delantero. En el segundo partido contra Estados Unidos, hace un gol más, que ayuda a México a conseguir la clasificación para el Mundial y que aún se recuerda en los anales del futbol pues se trató de un disparo inaudito de media cancha hasta el ángulo de la portería norteamericana.
Ya en Suiza la escuadra mexicana se enfrenta al grupo conformado por Brasil, Francia y Yugoslavia. El formato de la competencia en la fase de grupos enfrentaba a cada país únicamente contra dos de las selecciones rivales. A México, contra Brasil y Francia. Contra Brasil pierde México por goleada 5 a 0. Y contra Francia, a pesar de ir perdiendo 2-0 al medio tiempo, logran el empate provisional dominando a un equipo que se suponía muy superior, para finalmente perder por un penalti de último momento, que Francia capitalizó para llevarse una victoria sufrida. El primer gol de México contra Francia en aquella ocasión fue hecho por José Luis Lamadrid y ha quedado para la historia de las estadísticas deportivas como la primera anotación hecha por un mexicano en un mundial realizado en suelo europeo.
Con veinticuatro años, una actuación destacada en el mundial y en un momento de la historia en que era prácticamente imposible que un equipo europeo fijara la vista en un jugador mexicano, el Club Barcelona lo invita a probarse en sus filas. Durante las prácticas el Barcelona queda convencido. Lamadrid estaba al nivel que se requería para jugar con los blaugranas. Tenía que regresar a México, pero quedaba ya firme la oferta del Barcelona para contratarlo.
De vuelta a México, se entera de que su club, el Necaxa, lo había vendido al Toluca. En una época no tan distinta a la actual en la que los dueños tenían derecho a hacer lo que desearan con las cartas de los jugadores, sorprende que el dueño del Toluca en ese momento, don Luis Gutiérrez Dosal, le haya facilitado las cosas. Si se iba a jugar a España, le cedería su carta sin condiciones de por medio a pesar de haber pagado una fuerte suma al Necaxa por ella. Pero si jugaba en México, debía ser con el Toluca.
Su padre estaba recientemente operado de un cáncer de próstata, y su salud menguaba, por lo que pide a su hijo se quede un año más, antes de partir a España. Con esa idea y con la de terminar sus estudios de Ingeniería, se queda en México para acompañar a su padre, no sin sentirse decepcionado de que la tierra de sus padres se le escapara por segunda vez de las manos.
Fue entonces que, como él mismo declara, perdió un poco la ilusión de crecer en el ámbito futbolístico. A pesar de ello aún daría muestras de su talento al jugar con Toluca, al mismo tiempo que, ya con sus estudios concluidos, comienza a trabajar en el medio de la construcción. Su trabajo como ingeniero le abrió una mejor perspectiva económica, pues en los años cincuenta un futbolista no percibía el tipo de sueldos como los que hay en la actualidad. Además, se trataba de una actividad que podía ejercer sin importar su edad, a diferencia del futbol. Esto lo distancia aún más del futbol como carrera. Abre un despacho de ingeniería y combina ambas actividades: por la mañana iría a los entrenamientos y por las tardes se dedicaría a la ingeniería.
Durante un juego sufre una lesión en los ligamentos de la rodilla y llega a él un pensamiento inevitable: era tiempo de retirarse. Así lo hace y desde el año 1957, ya casado, con una familia y con una lesión deportiva, el ingeniero Lamadrid dedica sus esfuerzos a su despacho.
El futbol sin embargo no le abandonó. En 1960, se inaugura el Club Asturiano e inscribe a su hijo en el equipo de futbol del club. Cuando el entrenador del equipo infantil deja el cargo, propone a los directivos del club que Lamadrid ocupe el puesto sin consultarlo con el mismo ex–futbolista. Se lo propusieron y aunque no estaba dentro de sus planes, decidió aceptarlo. El equipo de futbol del Club Asturiano tuvo un repunte bajo la dirección de Lamadrid, que así vuelve a las canchas, las cuales ya no volvería a dejar, pues poco tiempo después se le presentó una oportunidad en los medios de comunicación que lo llevaría una y otra vez a los estadios del país.
El hermano de un socio suyo en la construcción, trabajaba en Televisión Independiente de México y se le acercó para plantearle una propuesta: la televisora en que trabajaba le había ganado a Telesistema Mexicano (posteriormente Televisa), los derechos para la transmisión de una gira de la Selección Mexicana de futbol y necesitaban quien comentara la gira. Le invita a participar. José Luis Lamadrid no sabe cómo tomárselo en ese momento pero acuerdan una cita para el día siguiente en Canal 8 y comienza a empaparse de las transmisiones. A partir de ahí combina los comentarios en televisión con su trabajo como ingeniero.
Muy pronto quedaría claro que Lamadrid poseía la facilidad de palabra necesaria para participar en los medios de comunicación. Su bagaje cultural y su capacidad de análisis, le harían un narrador carismático, convirtiéndose en uno de los primeros ex-futbolistas que se integrarían con éxito a la televisión.
En Canal 8, durante un partido transmitido desde Puebla, conocería a José Ramón Fernández, quien tiempo después habría de invitarlo a trabajar con él como analista en Imevisión. Ahí participaría como uno de los primeros integrantes de DeporTV, hecho que lo convertiría en uno de los integrantes iniciales del equipo que hicieron de este programa un acontecimiento histórico de la televisión mexicana. Pocos programas han tenido tal éxito en nuestro país.
En Imevisión hizo una carrera que duró varias décadas, transmitiendo partidos de futbol desde las distintas canchas del país y dando su análisis desde los estudios de televisión. Volvía a disfrutar de los estadios, del futbol de primera mano, que era donde se sentía como en casa, y de los viajes que le llevaron a varias Copas Mundiales como parte del equipo de DeporTV.
También en Imevisión formó parte del nacimiento de otro programa icónico de la televisión deportiva Los Protagonistas, que se creó a propósito del mundial de futbol de México 86 y que contaba con la participación de Raúl Orvañanos, Carlos Albert, José Ramón Fernández y Fernando Marcos, entre otros. Este programa significó la consolidación del proyecto deportivo de la televisora, ya que atrajo grandes audiencias que se sumaron a las de DeporTV.
Luego habría de comenzar un programa con Rafael Puente. Idean juntos el concepto y lo definen: “Un análisis crítico en la zona de compromiso y definición en el futbol”. Se llamaría Dos en el área, debido a la contraposición de sus puestos como futbolistas: Rafael Puente había sido portero, mientras que él, delantero; el área aparecía como el lugar de encuentro natural para ellos. Con Emilio Alonso como corresponsal en Guadalajara, hacía falta un integrante más en opinión de Rafael Puente, quien lo convence de que llamen a un periodista que pueda conducir el programa y mediar entre ellos que, como expertos, darían su opinión sobre el acontecer futbolístico. Francisco Javier González acepta la tarea que le ofrecen Puente y Lamadrid y así inicia un programa que duró más de dos décadas al aire en radio. A la postre, ese programa sería también semillero de periodistas deportivos que hoy son reconocidos, como André Marín, Eugenio Díaz o Ciro Procuna.
Como analista y comentarista, se mostró siempre entusiasta, y quienes trabajaron a su lado recuerdan que estaba siempre bien preparado y con un excelente sentido del humor. Emilio Fernando Alonso, quien recuerda al ingeniero Lamadrid como un hombre que gustaba de la buena plática, la buena comida y los puros, dice de él:
«Lo recuerdo con mucho cariño porque siempre fue un gran hombre al que le gustaba dar consejos, que transmitía sus experiencias —y mira que tuvo muchas experiencias y muchas anécdotas—. Era un tipo gracioso también, buena gente, serio, pero gracioso, tenía muy buen sentido del humor. Y aprendías muchas cosas porque sabía mucho de futbol, era un gran conversador. Le gustaba convivir con los jóvenes que íbamos empezando en aquellos tiempos la carrera. Fue, la verdad, un agasajo estar sentado al lado de él. Un hombre muy correcto en el hablar, en su forma de ser, de conducirse, un caballero en todo sentido de la palabra… un gran amigo. Me tocó convivir con el ingeniero José Luis Lamadrid en infinidad de partidos e inclusive en eventos internacionales como Copas del Mundo. Era un hombre muy jovial, con muchas historias que contar siempre, porque tuvo una vida rica, muy rica en materia deportiva y también como persona, como ser humano, como profesionista.
»Pasé tardes inolvidables con él. Le gustaba caminar. Nos tocó compartir un viaje a Nueva York, por ejemplo: él caminaba por Central Park, por la Quinta Avenida; si veía un lugar que le gustaba me decía: “ Emiliano —porque así me decía de cariño—, vamos a pasarla muy ‘highlander’ aquí, ándale vente, te invito una copa”, y pasábamos a platicar, a tomarnos algo, y si se podía fumábamos un puro».
De su andar a lado del ingeniero José Luis Lamadrid, don Emilio guarda recuerdos memorables:
«En la liga, cuando viajabamos, era un deleite porque era un hombre con muy buen sentido del humor. Le encantaba cantar y cantaba igualito a Tony Bennett —y mira de quién te estoy hablando—, le gustaba cantar aquella canción de “Dejé mi corazón en San Francisco”: I left my heart in San Francisco… Tenía una voz espléndida, maravillosa. Fumaba puros, Montecristo por cierto, le gustaba fumar buenos puros; y como a mí también me gustaba porque lo aprendí de mi abuelo, don Emilio Alonso, pues nos juntábamos de repente para platicar y fumar un puro.
»A tanto llegó nuestro gusto por fumar puros que un día en un hotel de Chicago, donde está prohibido fumar en las habitaciones, tuvimos que abrir las ventanas para que entrara el aire en la ciudad de los vientos y nos pusimos a fumar un puro cada quien. La anécdota es muy curiosa porque entra Roberto Kenny a buscarnos, un compañero de TV Azteca, para decirnos que teníamos que ir a hacer una grabación, y cuando entró nos dijo que parecía zona de guerra porque iba quitando el humo por la habitación para encontrarnos. Nos pusieron una regañada que ya sabrás, pero afortunadamente no se activó la alarma antifuego».
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